El momento en que el arte de la cerámica reinventó un hogar bretón
Marion Graux, dedicada profesionalmente a la alfarería, tenía la cabeza repleta de proyectos cuando emprendió la completa renovación de su vivienda en la región de Bretaña. Al encargar el diseño de su cocina a MOREL, jamás imaginó que el resultado final sobrepasaría incluso sus propias aspiraciones.
El camino profesional de Marion refleja una incansable búsqueda de lo genuino, transitando desde el séptimo arte hasta el universo de la moda y el estilismo en sesiones fotográficas. En ese trayecto laboral, entró en contacto con artesanas ceramistas cuya serenidad y vínculo con la materia marcaron profundamente su manera de ver la vida. Con sus propias palabras: «Mi búsqueda siempre fue encontrar la vida que quería experimentar, independientemente del título profesional». Al final, la certeza llegó con claridad: necesitaba imperiosamente la experiencia física de moldear con sus manos y vestir el delantal cada jornada. Ansiaba profundamente esa existencia volcada al taller artesanal.
Una transformación completa en tierras del Morbihan
Después de consolidarse como alfarera, Marion fijó su domicilio en Port-Louis, localidad situada en el Morbihan bretón, acompañada de su núcleo familiar. Al explorar por primera vez la propiedad, quedó claro que enfrentaba un desafío mayúsculo: «El estado inicial era verdaderamente primitivo», recuerda sin ambigüedades.
En una parte de la vivienda descubrió una estancia cubierta con revestimientos de madera que alcanzaban la mitad de los muros. En otra zona encontró un diminuto espacio destinado a cocina, visualmente atractivo gracias a elementos de Formica, aunque claramente insuficiente para el uso familiar cotidiano. Esta realidad empujó a Marion hacia una determinación contundente: eliminar completamente las divisiones del piso inferior, incluyendo aquella que fragmentaba ambas zonas. ¿Su objetivo? Desarrollar una cocina espaciosa y continua con perspectivas simultáneas hacia el puerto marítimo y el área verde exterior.
La decisión acertada para materializar la cocina ideal
MOREL, firma especializada en cocinas y equipamiento premium desde el año 1932, representó la alternativa perfecta para esta apasionada de los elementos artesanales bien elaborados. Para concretar su visión, seleccionó las superficies Neufchâtel con terminación en barniz al natural. Funcionalmente, necesitaba una mesada de dimensiones generosas que facilitara preparar alimentos junto a otros, además de lucir una cocina a gas de línea vintage, conseguida en el mercado de ocasión.
Cada detalle debía transmitir esa atmósfera de residencia campestre que tanto la cautiva. Resultaba imprescindible disponer de amplios espacios de guardado para organizar toda su colección de vajilla, incluyendo una alacena exclusiva para hortalizas frescas, con capacidad para conservar los productos adquiridos en el mercado local. El elemento final distintivo: repisas descubiertas en sustitución de alacenas cerradas superiores, ideales para mostrar todas las creaciones cerámicas fabricadas a mano.
Un cambio radical que materializa todas las aspiraciones
¿El resultado definitivo? Una cocina de planta alargada que opera como auténtico centro de reunión, incorporada en un espacio abierto y meticulosamente planificado, que virtualmente se entrelaza con el salón contiguo. ¡Objetivo alcanzado! Como beneficio extra, en el sitio donde previamente existía la cocina original, consiguió habilitar una despensa destinada íntegramente a provisiones sin envasar.
Optó por eliminar la posibilidad de una isla central para instalar dos superficies amplias que vitalizan el entorno, facilitando la preparación de comidas, el recibimiento de visitas o el acompañamiento en las actividades educativas de los pequeños. «¡Verdaderamente es la cocina que siempre imaginamos!», expresa con manifiesta alegría.
Ambientes que narran vivencias personales
La metamorfosis no consistió únicamente en alterar elementos arquitectónicos. Se buscaba generar un entorno donde lo práctico y lo visualmente agradable coexistieran en equilibrio perfecto. Cada componente fue elegido considerando el empleo cotidiano y la contribución estética al resultado global.
Las repisas sin puertas no solamente desempeñan una tarea utilitaria, sino que funcionan como exhibición permanente del quehacer artesanal de Marion. Cada pieza cerámica mostrada simboliza jornadas de entrega y pasión por el arte del barro, convirtiendo la cocina en una galería dinámica de su talento creativo.













